Si estás diseñando únicamente lo que a ti te gusta, te entiendo.
Todos lo hemos hecho. Es el punto de partida más habitual entre creadores, artesanos y diseñadores emergentes. Pero también es uno de los errores más caros.
Hacer lo que te emociona, lo que a ti te parece precioso, no siempre es lo que tu clientela está buscando. Y si no entiendes quién es realmente tu clientela ideal, vas a perder tiempo, dinero y energía.
Te lo digo desde la experiencia.
El entorno no es el mercado
El mayor error que cometemos al principio es confiar demasiado en lo que opina nuestro entorno. Diseñas una colección, la enseñas a tu familia, a tus amigas, a tu círculo cercano… y todo el mundo te dice lo mismo: “¡Precioso!”, “¡Esto lo tienes que vender!”, “¡Es único!”
Pero ¿lo has contrastado con alguien que entienda de producto, de público, de ventas?
¿Has preguntado a alguien que pueda hacerte una crítica honesta y profesional, incluso si es incómoda?
Si alguien te dice: “Ese producto no tiene salida en el mercado actual”, no lo tomes como un ataque. Es una de las mejores informaciones que puedes recibir. Porque a partir de ahí, puedes repensarlo, reformularlo o incluso transformarlo en algo mejor. Es una oportunidad, no un fracaso.
Lo que yo hice: observar, registrar, diseñar
Cuando empecé a trabajar mis colecciones con más enfoque comercial, empecé por salir del taller. Literalmente. Me iba a pasear por los barrios donde sabía que se movía mi clienta ideal. Miraba escaparates, observaba cómo vestían las mujeres, qué colores se llevaban, qué materiales, qué formas.
Todo eso lo absorbía: lo anotaba con los ojos y lo guardaba en la memoria. Luego, con esa información ya integrada, me sentaba en el taller a diseñar. A imaginar colores, formas, combinaciones. Visualizaba a esa clienta llevando mis piezas. No diseñaba para mí: diseñaba para ella.
El caso O.C.N.I.: cuando aciertas (y luego decides retirarlo)
En uno de esos momentos de creación intencionada, surgió una colección que llamé O.C.N.I. (Objeto de Cuello No Identificado).
Era un chal —más bien un híbrido entre chal y collar— y reconozco que vendí muchísimas unidades. ¿El secreto? El diseño funcionaba, sí… pero lo que disparó las ventas fue el packaging y la presentación.
Fue un éxito durante dos años seguidos. Y, sin embargo, un día decidí retirarlo. En pleno momento de máxima venta.
¿Por qué? Porque hay decisiones que tienen que ver con estrategia, con identidad de marca, con hacia dónde quieres llevar tu propuesta.
¿Y tú, sabes para quién estás diseñando?
Si no lo tienes claro, no estás diseñando con estrategia: estás jugando a la ruleta.
Y en el mundo del diseño y la artesanía profesional, la intuición es importante, pero no sustituye al análisis de cliente, mercado y tendencia.
