Poner precio a tu trabajo creativo no es una cuestión técnica. Es una montaña rusa emocional. Te preguntas si te lo van a pagar. Si pareces demasiado caro. Si la competencia no lo tiene más barato. Y acabas bajando precios, ofreciendo descuentos y haciendo ofertas que no te has planteado bien. ¿El resultado? Mucho movimiento… y cero rentabilidad.
Y te lo digo con toda claridad: el precio emocional te lleva al agotamiento, no al crecimiento.
El vértigo de poner precio: lo hemos vivido todos
Al principio, calcular cuánto vale tu trabajo da miedo. No sabes cómo valorar tus horas, te da apuro cobrar según lo que realmente te cuesta y, en muchos casos, ni siquiera tienes una lista clara de tus gastos. Es normal.
¿Pero sabes qué no es sostenible?
Poner precios basados en lo que crees que pueden pagar. En lo que hace tu competencia. En lo que te da menos miedo decir.
Mira, te doy un consejo:
Tienes que ajustar tus precios desde el lado REAL.
No desde la emoción. No desde la inseguridad. No desde el “a ver si vendo más”.
¿Y si tu competencia tampoco ha hecho bien los números?
Te comparas. Ves que otro artesano o diseñador tiene precios más bajos y piensas: “Yo no puedo cobrar esto, porque entonces nadie me va a comprar.”
Pero… ¿sabes si esa persona ha calculado bien sus precios? ¿Sabes si está ganando o perdiendo con cada venta? ¿Sabes si podrá sostener su negocio a medio plazo o si se está hundiendo poco a poco en el mar de los números en rojo?
No copies precios que no sabes de dónde salen. Construye los tuyos con criterio.
Lo que aprendí como diseñadora en mis inicios
Durante mi primera etapa profesional, yo no vendía al público final. Mis precios eran de retail (al por mayor), pero si alguien quería tener mis colecciones en su tienda, tenía que aceptar una condición: una compra mínima.
¿Era un gesto de soberbia? No. Era estrategia y foco.
Si no ponía límites, mi negocio se habría desordenado desde el principio. Y un negocio sin estructura, tarde o temprano, colapsa.
¿Por qué el precio emocional no te sirve?
Ese precio que pones “por si no te compran”.
Ese que ajustas “porque es más barato que el de otros”.
Ese que no sabes cómo defender… porque ni tú estás convencida.
Todo eso es precio emocional.
Y si no sales de ahí, no vas a poder crecer. Vas a agotarte, a trabajar de más y a quedarte sin margen para reinvertir, mejorar o escalar.
¿Y entonces, qué necesitas?
- Entender cómo se calculan los márgenes de beneficio.
- Saber qué gastos debes incluir, aunque nunca los hayas contemplado.
- Diferenciar claramente el precio al por mayor del precio al público final.
- Y sobre todo: aprender a sostener tus precios con seguridad y argumentos
¿Quieres seguir rebajando lo que haces hasta vaciarte? ¿O prefieres construir un negocio rentable, claro y con dirección?
